martes, 15 de septiembre de 2009

1000 FOTOS ... 1000 PALABRAS

Suena el despertador, llevaba algo de tiempo despierta, recuerdo las mil palabras y saco la cámara de su funda, el día de hoy no tiene mucha importancia, ni siquiera se si tendré algo que fotografiar o no, pero ayer decidí que hoy era el día y así lo haré, mi habitación, me encantan mis paredes, llenas de recuerdos, la maleta vacía y luego llena, recojo el ordenador, el abrigo colgado de los pies de la cama, echare de menos a mis peces que huyen al ver mi objetivo tan de cerca, un vaso de leche en la mesa de la cocina, las maletas en la puerta, el ascensor, pero prefiero bajar andando y fotografiar las vistas imposibles de la escalera, el agujero de la obra del primero, cada detalle, salgo a la calle, aun no ha amanecido, las fotos no saldrán muy nítidas, el edificio que van a demoler hoy, ¿quién sabe si seré yo la que lo inmortalice por ultima vez?, las puertas de colores de la estación y una señora pidiendo algo para dar de comer a sus hijos, el vendedor de billetes tiene cara de pocos amigos, trato de retratarle sin que me vea, puede que se enfade más aun, vuelvo a casa, no hago fotos, no tengo casi ganas, mi padre anda delante de mi con las llaves del coche en la mano, en la mía un mapa de Vitoria, ya hay luz en la calle, la luz de la gasolina esta encendida, la gasolinera que encontramos esta llena de camioneros y gente repostando, veo el cartel en dirección Vitoria alejándose, y de nuevo el de Burgos, donde vuelvo. Pasamos por la estación de tren y su cubierta ondulada. El agua roza los cristales del coche y los rodillos rojos dan vueltas. El hospital nuevo detrás de la cortina de agua, un lío de vigas y pilares, crean una foto abstracta. El sofá de mi casa de nuevo, las paredes llenas de cuadros, hago una foto desde el mirador al río, en la calle por tercera vez no solo hace calor, también hay mucha luz que provoca que las ramas de los árboles se proyecten sobre el suelo, unos policías enfrente de un bar a los que fotografío desde lejos por prudencia, he conseguido que no me vieran, me asomo al río y enfoco hacia los patos, siempre me han gustado sus formas y colores, vuelvo a fotografiar el edificio que ya por muy poco tiempo pero se mantiene todavia en pie, mira por donde lo iban a volver a fotografiar, el vendedor de billetes ahora con mejor humor, por fin lo tengo en la mano, los asientos de delante en el autobús, un detalle de la ventanilla, el paisaje a través de la ventana, me canso y guardo la cámara, duermo, un rayo de luz me despierta y recuerdo de nuevo las fotos, investigo en como coger la luz y encuadro alguna vista del interior del autobús, llegamos a Vitoria, la estación es una calle llena de autobuses, entro a comprar el billete, una vez en los asiento de espera fotografío el interior de la estación, lo hago disimuladamente para que las demás personas no se molesten, la carrocería del autobús, parece uno nuevo y me fijo en una pegatina encima de las ruedas con el logo de michelin, otra vez de viaje, fotografío alguno de los paisajes que veo, una vieja caseta para los que esperan el autobús en un antiguo pueblecito, Pamplona 11, por fin queda poco, la esquina de la Clínica, el ACUNSA, el CIMA y las personas que esperan el autobús. Una vez abajo y con las maletas en la mano, camino por el carril bici, hago una última foto al árbol de la práctica anterior, una señal de tráfico me impide el paso diciéndome que solo pueden seguir las bicicletas, un perro corre delante de mi, me fijo en la sombra del dueño, mis compañeras de piso están haciendo la comida, mi habitación algo desordenada por la carrera del jueves, me paro en la habitación de María, recién pintada crea una claridad alucinante, el tupper con la ensaladilla y mi plato de chuletillas, paso cerca del árbol de Ximena y Stephan e intento captar una de esas bonitas imágenes. La gasolinera de Esquiroz siempre me ha parecido curiosa, la oscuridad de la cuesta de la universidad, inquietante. El cartel que trata de recordar, sin llegar a nada, que no debemos cruzar el césped, pero llegamos tarde, una última foto a la escuela y al tubo y guardo la cámara, prefiero no meterme en líos. Al salir ya esta anocheciendo y lanzo una imagen en la que salen comunicación y derecho de fondo, retrato los carteles de las muchas fiestas que se harán en Pamplona en los próximos días, el solitario y rudo guerrero de la autovía de Iturrama, las llaves en la mano, los rollos de papel para Formas II, y las pinturas que utilizaremos para hacer el trabajo, preparo un bodegón con las tijeras y el papel, detalles del teclado de mi ordenador mientras modifico algunas fotos, unos nachos con queso brillante y antes de guardar por última vez la cámara, hago fotos de toda la casa, como un reportaje, la entrada, su chapucera lámpara deslumbrante, el armario que nos gustaría quitar, el árbol de plástico de la entrada, el salón con cuatro mesas de arquitectura llenas de cosas, y los sofás con sus colchas blancas y cojines de cuadros, la mesa del comedor junto al mirador, la cocina y sus baldosas de flores y la encimera con la caja de las magdalenas, los dos baños, las habitaciones y por último la terraza, ahí me tomo un tiempo retratando el paisaje nocturno, recuerdo lo bien que podría quedar una foto con mucha obturación, pero recuerdo que no llevo batería, realmente no me había dado cuenta hasta ahora, me lo he pasado tan bien,… supongo que la experiencia de este día quedará entre mi cámara, estas mil palabras… y yo.

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